Desde que soy fan de Ely Guerra me había preguntado, si alguien lejos de México en otro país de América Latina, o del viejo continente conocía canciones de esta mujer… y pues sólo se de unos en Argentina que la conocen… pero en ¿LONDRES?, O.O reí tanto al leer el siguiente escrito, me dio muchoo gusto, fué como una coincidencia y una respuesta a mi interminable pregunta… y vaya quien la vino a contestar, Joselo de mi banda favorita…Café Tacvba!!!.
Así pues a todo áquel que sea fan de Ely … hagamos que ely se escuche en todo el mundo!!
así habrá más personas como este taxista que la adoren y admiren de la manera que lo hacemos nosotros….
A leer!!!!
Escrito por Joselo Rangel ( Café Tacvba ) para Excelsior Online http://www.exonline.com.mx/diario/columna/213422
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09-May-2008
Crocknicas marcianas
Joselo
En un taxi en Londres
Si me lo hubiesen contado, no lo habría creído. Digo, la cosa tampoco es tan extraordinaria, pero al menos es curiosa. Si no lo fuera, no estaría contándolo aquí. Aunque se escucha mucho acerca de la globalización y que la cultura no tiene fronteras, yo no lo creo mucho. No sé ustedes, pero el que internet te dé acceso a toda la música que hay en el mundo no significa que, por ejemplo, un tipo que no tiene nada que ver con nuestro país porque nació en Albania escuche fervientemente a una cantante mexicana. Pues bueno, resulta que sí existe esa persona.
Llegamos a Londres para una tocada en el Barbican, una especie de centro cultural inmenso con museo, salas de cine y concierto. El vuelo de más de nueve horas nos había destrozado y además teníamos que esperar el transporte que nos llevaría al hotel. Para variar, los taxis que nos asignaron no contaban con que llevábamos instrumentos, así que mandaron llamar a otro en el cual nos subimos los cuatro músicos de Café Tacvba. El taxista, un tipo que a primera vista yo pensaba que era inglés, nos empezó a hacer plática. Lo de siempre: que de dónde vienen, que si somos músicos, que cómo se llamaba nuestro grupo.
Puso un CD de Joe Satriani, supongo que pensando en que nos estaba haciendo más placentero el camino.
Después de un rato de silencio retomó la plática: “¿Cómo dicen que se llaman? ¿Café qué?” “Tacuba”, le respondimos. “Es que me suena mucho su nombre, pero no sé de qué…”
Yo pensé que sólo era para quedar bien con el pasajero, como hacen muchos taxistas, pero de repente dijo: “¿No tocaban ustedes como músicos de una cantante que se llama Ely Guerra?”. “Pues hemos tocado con ella, sí”, le dijo Rubén. El taxista quitó a Satriani y comenzó a buscar en una bolsa hasta que sacó un disco y lo metió al cd player.
Comenzó a sonar una canción de Ely Guerra, así nomás, en el taxi que nos llevaba por las calles de Londres. La siguiente canción resultó ser Olor a gas y yo le dije que éramos nosotros. “Claro, por eso me sonaba su nombre”, me dijo, pero la versión que tenía no era la que nosotros habíamos grabado en el Vale Callampa ni la de Los Tres, sino que era una que cantamos con Ely Guerra en unos Premios MTV. Esa versión no está en ningún disco, que yo sepa, pero el tipo la tenía sólo porque Ely, su artista favorita, cantaba ahí.
Así que después de esa, siguió otra canción de Ely Guerra. Y luego otra y otra… “Qué voz… Qué voz…”, decía el taxista mientras manejaba a toda velocidad, espantándonos al tomar el carril de la izquierda, en vez de el de la derecha, que aunque todo el mundo lo hace, no deja de ser extraño.
“¿Y es tan guapa como suena su voz?”
“Sí, mucho”, le dijimos.
“Y es una excelente cocinera”, añadió Meme, revelando un talento de Ely que los que la conocemos le celebramos mucho. El taxista explotó de gusto: “¿En serio? ¡Me caso! ¡Tráiganmela y yo me caso ahorita mismo!”
Yo le comenté que nuestro manager también trabajaba con Ely, que si era tanto su fanatismo que concertara una cita con ella. Yo estaba bromeando, obviamente, pero él me contestó muy serio: “Mira, yo creo que las cosas se tienen que dar solas, o pasan o no pasan. Esa es mi filosofía”.
Yo me reí. ¿Cómo iba a pasar ese encuentro? ¿Ely Guerra y ese taxista? ¿Cuándo se iban a encontrar en este mundo?, pero él se me quedó viendo muy serio, así que me tragué mi sonrisa y me quedé callado durante todo lo que quedaba de camino.
Al llegar al hotel le pedimos su nombre para invitarlo al concierto. Buljan, que nació en Albania, prometió que iría a nuestra tocada. Nunca más lo volvimos a ver.
Antes de despedirme le pregunté que cómo había llegado a conocer la música de Ely Guerra. “Navegando en internet”, me dijo. “Un día vi su nombre y me llamó la atención”.
Así que la globalización existe y no debería sorprenderme que un albanés en Londres sea fanático de Ely Guerra. Y tampoco debería reírme, capaz que un día Buljan se casa con ella. Si su fe es tan férrea como su mirada, esa mirada con la que me vio cuando me reí, seguro que pronto Ely estará en el altar. “Las cosas pasan solas. O pasan o no pasan”. No, pues sí.
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